NO RENUNCIAMOS AL SOTERRAMIENTO

Por Jesús Enríquez Tauler, Concejal Portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Valladolid.

La característica más evidente de los primeros meses del gobierno tripartito del Ayuntamiento, es la paralización o el reestudio de los principales proyectos de la ciudad.

El más importante por su cuantía y trascendencia es, sin ningún género de duda, el soterramiento de las vías del tren en el casco urbano.

En estos dos meses de mandato los vallisoletanos hemos oído de todo al alcalde menos votado de la democracia y a quienes le sostienen al frente de la ciudad.

Un día nos desayunamos en la prensa con que sólo se soterraría el ferrocarril de la estación hacia el norte. Otro, con que se apuesta por el desvío de los trenes por la circunvalación de mercancías que paralizó “Pepiño”, haciendo entrar en la actual estación a los trenes para dejar y coger viajeros, y hacerlos retroceder después para desviarlos por la variante, hoy todavía abandonada (algunos sindicatos ferroviarios ya han alertado de la insensatez de esta ocurrencia). Otro día, nos anuncian la convocatoria de una consulta popular para decidir qué hacer con el ferrocarril. Todo un alarde de indecisión, con la excusa de las dificultades financieras por las que atraviesa la operación ferroviaria.

Unas dificultades ciertas pero que, a juicio del Grupo del Partido Popular en el ayuntamiento, no pueden condenar a media ciudad a seguir dividida por la vía férrea de por vida. Una separación que también afectaría a Las Delicias, que vería cómo unas zonas del barrio se beneficiarían del soterramiento y otras no, en caso de hacerlo a medias.

No llevar a cabo el soterramiento como está previsto sería más caro que no hacerlo, además de un error histórico y de una estafa para toda la ciudad.

Si no se hace el soterramiento, el Ayuntamiento tendrá que pagar el 25% de lo hecho hasta ahora, como los nuevos talleres de RENFE en San Isidro (Centro de Mantenimiento Integral). Una inversión fundamental, que garantiza la industria ferroviaria en Valladolid y el mantenimiento del empleo con la expectativa de crear más puestos de trabajo e incrementar la carga de trabajo, pero una inversión estatal para la que habría que poner dinero sin resolver el problema de la barrera del ferrocarril en la ciudad.

Si se sigue adelante con el soterramiento, el Ayuntamiento también tendrá que poner ese 25%, pero habría unido la ciudad separada por el tren con los beneficios que ello comportaría (la actividad económica y el empleo de la propia obra, las inversiones inducidas que generaría, la mejora en la comunicación de la ciudad, mejoras ambientales, incremento de dotaciones, supresión de barreras sociales, etc.)

Es precisamente el soterramiento el que justifica la venta de los terrenos ocupados hoy por el ferrocarril que se recalificaron, no sólo para financiar una obra estatal de mejora de las infraestructuras ferroviarias sino para terminar con la historia de dos ciudades divididas por el tren, con las plusvalías generadas durante más de siglo y medio por toda la ciudad.

Por eso lo concejales del Partido Popular hemos propuesto que la ciudad no renuncie al soterramiento y hemos brindado al alcalde nuestro apoyo para que no abandone la operación.

Los problemas financieros son salvables. La devaluación inmobiliaria ha tocado fondo y se comienza a atisbar una recuperación económica que pude favorecer que los números del proyecto mejoren.

Precisamente ahora, no es el momento de “aflojar”. Es el momento de acelerar los trabajos para iniciar el soterramiento, que es el que dará valor a los terrenos que deben financiarlo. Renunciar al soterramiento o dejarlo a medias, sería como haber renunciado en, su día a enterrar uno de los brazos de La Esgueva. ¡Un disparate! Aun cuando la venta de los terrenos no financiase todo el coste, el Ayuntamiento podría poner su parte. El Gobierno Popular anterior ha dejado las arcas llenas y un margen de endeudamiento envidiable y suficiente, para recurrir al crédito en caso de necesidad. El Ayuntamiento se empeñó en nada más ni menos que en mil millones de pesetas para construir el ya no tan Nuevo José Zorrilla. ¿No valdría la pena hacerlo, llegado el momento, para unir la ciudad?

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