LA MUJER DEL CÉSAR

Por Borja García Carvajal, Concejal del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Valladolid.

Al poco tiempo de ser ungido como emperador, Cayo Julio César se divorció de su esposa Pompeya Sila al haber acudido ésta a una fiesta de la Buena Diosa, sólo reservada para mujeres. En ella se coló un patricio disfrazado de ejecutante de lira, el cual estaba enamorado de Pompeya y la intentó seducir. Al enterarse, César se divorció de su mujer, a sabiendas de que no había cometido ningún acto impuro, argumentando que no basta con que la mujer del César sea honrada, sino que también tiene que parecerlo.

En política hay que diferenciar muy bien las instituciones de los partidos políticos. Un representante público en una institución representa a todos los ciudadanos bajo el amparo de la misma. Un representante de un partido político, representa a sus militantes o en su caso sólo a sus votantes. No vendría mal que el equipo de gobierno del ayuntamiento de Valladolid, se aplicara el cuento. Y es que entre ellos hay muchos que aunque ostentan el cargo se empeñan en no respetarlo ni ejercerlo adecuadamente. Pondré algunos ejemplos para ilustrarlo.

Todos podemos recordar como antes de las ferias y fiestas de San Lorenzo, varios concejales del tripartito que nos gobierna en Valladolid invitaron a ex trabajadores de la empresa Coca-Cola de Fuenlabrada para portar con ellos una pancarta y proporcionarles un altavoz para sus reivindicaciones. Tras el espectáculo en redes sociales, el alcalde les reprendió y pidieron tímidas disculpas asegurando que no volvería a pasar. Pero esa reprimenda no era más que una pose. Todos sabemos que las broncas duras las guarda para la concejala de educación, infancia e igualdad por ejercer sus responsabilidades. Y no era más que una pose porque él es el primero que ni se cree que a día de hoy sea el alcalde, ni lo asume. Sólo hace falta ver un pleno para darse cuenta que allí no es el Alcalde-Presidente del pleno de la Corporación Municipal, sino un mero contertulio al más puro estilo de Antonio Miguel Carmona con el botón necesario para dar y quitar turnos de palabra a su antojo. O estos días atrás en los que le hemos visto con un megáfono en la mano al más puro estilo de Pablo Iglesias prometiendo que le pediría a la Ministra de Fomento y al Presidente del gobierno si hiciera falta, que incumplan la ley y obvien las cuestiones de seguridad de los vecinos de un barrio de nuestra ciudad.

Pero la guinda del pastel la ha puesto estos días la concejala de medio ambiente y sostenibilidad, María Sánchez que por un lado dejó plantado durante 45 minutos al Consejo de Administración de Mercaolid, el cuál preside y por otro mintió al decir que tenía la hora mal puesta en la agenda. Su agenda estaba publicada y todo el mundo pudo comprobar que la hora estaba correctamente reflejada. La verdadera razón fue que la concejala prefirió ir a una manifestación a la estación de trenes antes que ejercer sus responsabilidades. De nuevo el ser gana la guerra al parecer.

Los vallisoletanos nos vemos obligados a padecer la descortesía institucional de nuestro alcalde y su tripartito de gobierno. Un tripartito en el que quieren ser una cosa distinta de lo que parecen. Los de Podemos son parte del gobierno pero no quieren parecerlo, como se empeñan en repetir constantemente. Manolo Saravia, que es el alcalde en la sombra, intenta no parecerlo demasiado. Y Óscar Puente que debería ejercer de alcalde, se empeña en parecer el líder de la oposición a la oposición.

Cesen en su actitud y por el bien de los vallisoletanos y el futuro de nuestra ciudad, señores del tripartito, gobiernen. Asuman sus responsabilidades y ejérzanlas dejando de lado la pancarta, el sectarismo y sus ambiciones personales. Y señor Puente, recuerde sobre todo que el alcalde de Valladolid no sólo debe serlo, sino también parecerlo.