EL TRIPARTITO NO PASA LA PRUEBA DEL ALGODÓN

Por Alfredo Blanco Montero, concejal del grupo municipal Popular del Ayuntamiento de Valladolid.

El pasado 13 de junio se cumplió un año desde que PSOE, VTLP y Sí Se Puede alcanzaron un pacto en el Ayuntamiento de Valladolid para desalojar al PP del gobierno municipal. Hay que recordar que el PP ganó las elecciones municipales de 2015 con un amplio margen sobre la segunda formación política, el PSOE, pues mientras los populares obtuvieron 12 concejales los socialistas consiguieron 8. Más atrás quedaron VTLP con 4, Sí Se Puede con 3 y Ciudadanos con 2. Por tanto, fue la política de pactos postelectorales y no el voto ciudadano la que desbancó al PP del Gobierno municipal y aupó al tripartito al frente del Consistorio vallisoletano. La primera conclusión que cabe extraer de ello es que el Sr. Puente no debe dar las gracias a la ciudad de Valladolid por ser el alcalde de nuestra capital sino a las dos formaciones políticas que le permiten ostentar el bastón de mando pues si por el voto de los vallisoletanos hubiera sido no sería hoy alcalde de Valladolid.

Siempre que se cumple un año de gobierno, ya sea éste municipal, autonómico o nacional, es costumbre hacer balance de su gestión. Y lo primero que llama la atención de la gestión del Gobierno municipal en este primer año de mandato es que fue pisar moqueta y olvidarse de las promesas que habían hecho a los ciudadanos cuando estaban en la oposición. Así, las exigencias de austeridad en el gasto han pasado a mejor vida y por eso al frente del Ayuntamiento tenemos al alcalde socialista que más gana de España amén de que en el  presupuesto municipal para 2016 el gasto corriente ha aumentado en 17 millones de euros; las peticiones de mayor inversión municipal en Valladolid han quedado en el olvido y en su primer presupuesto estas inversiones han bajado en 20 millones de euros; y las reiteradas propuestas de bajar los impuestos han ido a la papelera para ser sustituidas por una subida del 10% en el IBI y en las Plusvalías.

Pero si por algo se ha caracterizado la gestión del tripartito ha sido por su ineficacia para resolver los problemas de los ciudadanos, y para muestra un botón : ahí sigue cerrado el paso a nivel de Pilarica, con el consiguiente perjuicio para los vecinos del barrio; sigue paralizado el proyecto de la Ciudad de la Justicia, con el perjuicio correspondiente para los profesionales de la Administración de Justicia y de los vallisoletanos en general; se ha modificado el proyecto del 29 de Octubre, con lo que a los vecinos del barrio de Pajarillos se les va a dar gato por liebre pues van a seguir viviendo en casas tercermundistas; la concentración motera Pingüinos se ha suspendido por segundo año consecutivo, a pesar de las promesas de que con ellos eso no pasaría; y Valladolid es hoy una ciudad sucia, presentando sus calles y plazas un estado de abandono desconocido hasta ahora.

Hay cosas que sí han hecho, pero con trampa: han suprimido la tasa de basuras, pero a cambio han subido los impuestos, el IBI y las Plusvalías, con lo que a los vallisoletanos lo que con una mano nos han dado con la otra nos lo han quitado; y han decidido que los vecinos entremos en el Ayuntamiento por la puerta principal de la Casa Consistorial, pero a cambio nos han impedido el acceso por la puerta de la calle Manzana, la cual han cerrado sin explicación alguna.

Hay otras cosas que se han negado a hacer pero que venden como si las hubieran hecho, como por ejemplo reducir la carga impositiva a sectores desfavorecidos: las personas más vulnerables son las grandes olvidadas por el Gobierno municipal pues el tripartito ha rechazado todas las propuestas presentadas por el PP para bajar los impuestos a las personas con discapacidad, a las familias numerosas, a los titulares de viviendas de protección oficial y a los autónomos, de forma que este año ha sido el primero en que no se ha aprobado ni una sola bonificación fiscal nueva en favor de las personas más desfavorecidas, las cuales ni tan siquiera se han beneficiado de la eliminación de la tasa de basuras porque estaban exentas de su pago. ¡Pero si hasta se niegan a aprobar una línea de ayudas a las personas más necesitadas para que puedan pagar el IBI! Y luego hablan de rescate ciudadano.

Y hay cosas que dicen que han puesto en marcha cuando en realidad se llevaban haciendo desde hace muchos años, como promover la presencia de las dos Federaciones de Vecinos en los Consejos de las Fundaciones municipales: representantes de las dos Federaciones vecinales han compartido asiento conmigo en los últimos ocho años en los Consejos de las Fundaciones de Cultura y Deportes. En este tema de la participación ciudadana quieren apuntarse muchos tantos pero hasta ahora la única realidad es que el tripartito nada más llegar ha eliminado la Escuela de Participación Ciudadana, un instrumento muy valioso para la representación vecinal que muchos ya empiezan a echar de menos. Y ahora pretenden estrangular a las Asociaciones de Vecinos quitándoles las ayudas que venía concediendo el Ayuntamiento para mantener los locales donde desarrollan su actividad.

Como puede comprobarse, el balance del Gobierno municipal en este primer año de mandato es anodino, sombrío y decepcionante, y desde luego no presenta ningún motivo para la satisfacción y autocomplacencia que hace poco manifestaba el Sr. Puente. Y si gris ha sido el primer año de mandato, el futuro no pinta mejor porque ¿qué nuevos proyectos tiene previsto ejecutar el Sr. Puente para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y para promover el progreso de Valladolid? Que sepamos, ninguno. Eso sí, a buen seguro seguirá  apropiándose de obras programadas, presupuestadas, comprometidas e incluso iniciadas por el PP, como por ejemplo el nuevo Mercado del Val.

El tripartito no ha pasado la prueba del algodón. Mucho autobombo, mucho gesto, mucha foto, mucho humo, pero los vallisoletanos sabemos que en el último año no ha mejorado nuestra calidad de vida ni la prestación de los servicios públicos y que nuestra ciudad ha visto frenado el proceso de desarrollo y modernización que venía experimentando en los últimos tiempos. Y es que el algodón no engaña.

 

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