LA TRAICIÓN A ESPAÑA DE SÁNCHEZ DESATA OTRA “GUERRA DE LAS COMUNIDADES”

LA TRAICIÓN A ESPAÑA DE SÁNCHEZ, DESATA OTRA “GUERRA DE LAS COMUNIDADES”

 

La claudicación de Pedro Sánchez ante los independentistas catalanes ha abierto otra “Guerra de Las Comunidades”.

El trágala de aceptar un mediador bajo el pseudónimo de “relator”, para negociar con el gobierno de la Generalidad unos puntos (veintiuno), que quieren dar la puntilla a la soberanía nacional del conjunto de los españoles, ha desatado las críticas de la oposición y de los propios socialistas que se juegan su sillón el próximo mes de mayo. Una verdadera guerra de las Comunidades, con algunas concomitancias con la que se declaró hace 500 años contra Carlos I.

Ahora el emperador (entiéndase como licencia literaria, sin ánimo de equiparar trayectorias tan abismalmente disímiles) es Pedro Sánchez “El Plagiario” quien, para aferrarse a su sillón, va pagando el precio que le giran sus acreedores parlamentarios a pildorazos, para acabar en el descrédito más absoluto tanto personal como presupuestario.

Entonces cada una de “Las Españas” pedía al rey mantener sus fueros y privilegios. Ahora se trata de todo lo contrario, de que no se permita la desigualdad entre españoles otorgando un estatus diferente a una región de España.

El trato bilateral al “Govern” ofende a las otras 16 autonomías y propicia una apariencia de realidad nacional que nunca ha existido en Cataluña, más allá de la ensoñación permitida y abonada durante décadas, mediante la tergiversación de la Historia y la programación de generaciones enteras en el odio a España.

El monopolio de los medios de comunicación, que transmiten a diario “El Nodo” del régimen secesionista; junto a la imposición del catalán negando el derecho de los niños hispanohablantes a educarse en su lengua materna, en contra de lo que exigía el “Pujolismo” de los 80’ para la minoría catalanoparlante, son dos caras del “terrorismo educativo y propagandístico” que ha sucedido al de las bombas y las pistolas, con el mismo objetivo de destruir la Nación.

Entre los paralelismos del movimiento comunero y de este enfrentamiento entre autonomías provocado por el “Sanchismo” traído a hombros por Óscar Puente, entre otros, destacan: el cuestionamiento de la legitimidad del monarca y del régimen constitucional, el desmembramiento del reino, la injerencia extranjera en la política interior y el asalto al bolsillo del contribuyente para pagar las veleidades del gobernante.

En las Cortes de Valladolid de 1518, se exigió al todavía sólo Carlos I (aún no había sido elegido Emperador): respeto a su madre la Reina Juana, el juramento de los fueros, que no se vendiera Navarra incorporada recientemente a la Corona de Castilla, que no se diera ni oficio ni beneficio a los extranjeros en las instituciones del Reino y que no se impusieran nuevos tributos (entre otros pedimentos).

Ahora, Sánchez acepta poner en cuestión la Monarquía traicionando al Jefe del Estado (le da igual Juana que Felipe) y vulnerar la Constitución negociando el inexistente derecho de autodeterminación, rompiendo su promesa de lealtad al Rey y de cumplir y hacer cumplir la Carta Magna.

También Don Pedro, ya ha comenzado a vender Navarra a los herederos de la E.T.A, retirando la presencia de la Guardia Civil del antiguo reino dejándola en testimonial, cediendo terreno al independentismo anexionista vasco.

El “Doctor Sánchez” acepta la intervención de un mediador (veremos de qué nacionalidad) como si España, a la venezolana, estuviera bajo una tiranía ilegítima que subyuga a la población; y presenta unos presupuestos con subidas de cotizaciones e impuestos, para pagar la renta diaria por su estancia en La Moncloa y seguir viajando en el Falcon 900B, como si no hubiera mañana, ya que cada día que pasa como Presidente es un regalo “del infierno”.

Eso sí, se permite el lujo de pedir a un dictador que convoque elecciones, que es como pedir a un vegano que se coma un solomillo de ternera mientras, él, sigue sin convocarlas a pesar de haberlo prometido para legitimar su “emoción de censura”.

Ha llegado el momento de exigir, una vez más, que hablen las urnas. Ha llegado el momento de que todos los españoles que queremos seguir siéndolo, salgamos a la calle para pedir que se cumpla la constitución.

El Estado Moderno se configuró en el Derecho, el territorio y la población. España es de los españoles. La prosperidad de Cataluña la hemos hecho entre todos y, a costa de todos. Cataluña es una parte muy importante de España que ha contribuido, y contribuye, a nuestro acervo común, sin que la rica coexistencia de lenguas pueda justificar una realidad política distinta. En China hay cerca de 1.400 millones de habitantes y “sólo” hablan el mandarín (la lengua oficial) unos 800 millones, coexistiendo con otras casi 300 lenguas vivas como el cantonés o el wu.

Estamos a tiempo de revertir la situación y de parar la bomba de relojería que se activó hace años, que no para de fabricar independentistas. La medicina es el Derecho. Sin el respeto a la Ley no hay nada. Ésta es la argamasa que nos debe unir a los demócratas por encima de ideologías.

Está en juego nuestro modelo de convivencia. Está en juego nuestra soberanía para decidir, entre todos, cómo abordar el futuro.

La Constitución no es inmutable. De hecho, prevé su modificación total o parcial siguiendo los procedimientos refrendados por la inmensa mayoría de los españoles (por cierto, en Barcelona hubo mayor porcentaje de apoyos a la Constitución que en Valladolid). Si aceptamos que nos den el cambiazo en una mesa de partidos, simple y llanamente prestaremos nuestro consentimiento a un suicidio asistido. ¡Yo me niego! ¿Y tú?