La soledad no deseada, la nueva epidemia del siglo XXI

Artículo de opinión. Por Marta López de la Cuesta, concejala del Partido Popular en el Ayuntamiento de Valladolid.

Por Marta López de la Cuesta, concejala del Grupo Municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Valladolid. 

En los últimos quince días se han encontrado muertas tres personas mayores que vivían solas en sus domicilios, una situación cada vez más frecuente en nuestra ciudad.

En Valladolid hay más de 23.000 mayores de 80 años, y muchos de ellos viven solos. Vivir solo supone una serie de riesgos: son personas más vulnerables, muchos no preparan comidas completas y equilibradas, por lo que existe riesgo de desnutrición, algunos tienen dificultades para seguir las indicaciones de los tratamientos médicos prescritos y la mayoría padece soledad emocional.

Existen estudios que apuntan que en España el 40% de las personas mayores de 65 años sufren soledad emocional, no se dispone de datos a nivel provincial o local que nos permitan conocer la situación de Valladolid en esta materia. Pero lo que sí es evidente es que el número de personas que viven solas se está incrementando, y los estilos de vida, así como el crecimiento de la esperanza de vida auguran que estas cifras van a aumentar de forma exponencial en un futuro cercano, convirtiéndose la soledad no deseada de las personas mayores en la epidemia del Siglo XXI.

Además, en las ciudades, las personas que viven solas tienen un hándicap añadido, ya que las redes sociales son más frágiles que en el medio rural, donde los vecinos son el mejor programa para la prevención del aislamiento de los que viven solos.

Los Ayuntamientos, como administraciones más cercanas al ciudadano y como los responsables de la puerta de entrada al sistema de servicios sociales, deben poner en marcha programas que mejoren la calidad de vida de estas personas. La necesidad de este tipo de programas se hace cada vez más acuciante y no hay que trabajar sobre vacío. Se debe y se puede aprovechar lo que ya está funcionando en otros sitios, mejorándolo con ideas o propuestas nuevas.

¿Y qué medidas se están poniendo en marcha en otros sitios? En las ciudades en las que ya están trabajan-do se han puesto en marcha programas de intervención comunitaria público-privada para detectar a los mayores que viven solos y pueden padecer soledad emocional. Existen grupos de voluntarios coordinados por el Ayuntamiento que les visitan periódicamente para conocer sus necesidades o simplemente para hacerles compañía.

Además, podrían explorarse otro tipo de actuaciones como potenciar los bancos de tiempo, líneas telefónicas de apoyo y acompañamiento donde el mayor pueda llamar si necesita hablar, continuar ampliando la teleasistencia, etc.

Todas estas medidas, es evidente que no pueden resolver la muerte en soledad, pero estos programas sin duda mejoran su calidad de vida y pueden permitir, si hay contacto frecuente, detectar con mucha más rapidez si una persona que vive sola no está realizando su rutina habitual y por tanto puede requerir de atención urgente.

El Ayuntamiento no puede permanecer inactivo ante esta problemática, que exige de imaginación, ganas y trabajo para afrontarlo. Si se asume el compromiso de trabajar en esta materia, el diseño y ejecución del programa debería realizarse con la máxima participación posible. Las ONG y especialmente las asociaciones de personas mayores son las que mejor conocen el problema y por tanto mejor pueden diagnosticarlo y plantear medidas factibles y eficaces.

No es preciso disponer de un gran presupuesto para poner en marcha estas medidas, que se basan sobre todo en potenciar las relaciones de buena vecindad, en fomentar la recuperación de las buenas costumbres que había hace no tantos años cuando todos los vecinos del edificio se conocían, se visitaba al que no tenía movilidad para salir con frecuencia de casa para ver si necesitaba algo, en resumen, se vivía con menos prisas y más atento a nuestros convecinos.

Una cuarta parte de los habitantes de Valladolid son personas mayores, durante toda su vida han cuidado de sus hijos, de sus nietos y de sus sobrinos, han trabajado para ganar un sueldo que permitiera vivir a la familia y ahora necesitan que les devolvamos una parte de su esfuerzo. Un programa de prevención y atención de la soledad no deseada de las personas mayores es necesario y puede ayudar a mejorar su calidad de vida. Trabajemos entre todos para ponerlo en marcha y contribuir en la construcción de la mejor Valladolid posible.