PERSONAS

Por María Victoria Díez Arce, concejala del grupo municipal Popular en el Ayuntamiento de Valladolid.

Hace unos días me encontré con la hija de una amiga, al observarla era evidente que estaba embarazada, la pregunté si sabía si era niña o niño, me miró perpleja y su respuesta fue: “será una persona”.

Fui consciente de la inoportuna pregunta y también de la acertada respuesta.

Reflexionando me cuestioné por qué extraña razón es una de las preguntas habituales, probablemente porque seguimos anclados en una estructura de géneros.

Espero que esa persona cuando nazca tenga las mismas oportunidades, los mismos derechos y que en ningún momento de su vida mi pregunta pueda condicionar ni su presente ni su futuro.

El artículo 14 de la Constitución Española establece: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Pero es mucho el camino que debemos recorrer.

La igualdad de derechos y oportunidades debe ser un derecho ejercitado por todas y todos, no solo como imperativo legal, que también, sino porque tengamos interiorizado en lo más profundo de nuestro ADN que es así.

Somos iguales y no es necesario que nos lo repitamos diariamente, se trata de que lo practiquemos todos los días en todos los ámbitos de nuestra vida, de forma transversal y cada uno desde su responsabilidad.

Así considero fundamental la educación no solo con recursos teóricos, sino con la práctica y el ejemplo cotidiano, interiorizamos mejor lo que vemos que los discursos teóricos.

La igualdad se aprende desde la infancia, los seres humanos tenemos una fuerte tendencia o predisposición a reproducir esquemas, son necesarios avances educativos y nuevos retos, se trata de construir una cultura de la igualdad.

Otro valor fundamental son los medios de comunicación y las nuevas tecnologías audiovisuales, no solo la información denunciando, también son fundamentales los mensajes transmitidos que refuercen en positivo el derecho a la igualdad.

Una sociedad que suma y valora las diferencias desde la visión del respeto, siempre será una sociedad más justa.

Mención especial me merece el máximo exponente de la desigualdad, la violencia de género, son tantas... que el abecedario no da más de sí para repetir sus nombres, eran personas a las que un maltratador cosificó y las convirtió en su propiedad y patrimonio y en uno de los más execrables actos las asesinaron.

Basta ya al maltrato que pasa desapercibido en el día a día, en las faltas de respeto, en comentarios ofensivos, ese es el sustrato sobre el que establece sus cimientos el que convierte a la mujer maltratada en dependiente de su maltratador, anulando su autoestima.

No solo hay que educar sobre la violencia física, también es importantísimo actuar sobre el maltrato psicológico poner muy claros los límites que nunca pueden traspasarse.

Por tanto, reitero en todos los ámbitos denunciemos cuando seamos conscientes de que se está produciendo dicha situación, ayudemos a esas mujeres a que puedan salir del círculo victima/maltratador romper con esa dependencia las convertirá en personas libres.

Desde las administraciones, desde las organizaciones, desde las asociaciones e instituciones, se debe legislar y regular el derecho a la igualdad y conseguir la de tolerancia cero al maltrato en esta sociedad. Pero insisto debe ser un COMPROMISO DE PERSONAS.