DOS LAMENTOS POR LOS 731 DÍAS DE DESGOBIERNO MUNICIPAL EN VALLADOLID

Por Antonio Martínez Bermejo, presidente del grupo municipal Popular del Ayuntamiento de Valladolid.

No quisiera empezar esta colaboración, cual elegía Lorquiana, por la muerte de nadie. No. Pero si tengo que anticipar la enfermedad que la ciudad está contrayendo fruto de las malas decisiones de sus gobernantes. Pudo comprobarse el pasado día 13 de junio, cuando en pleno municipal se celebró por segunda vez el debate del estado de la ciudad, gracias, de nuevo, a la petición formulada por el Partido Popular.

A consecuencia de ese debate, los componentes del grupo municipal Popular tenemos que lamentar dos cosas. La primera, constatar que Valladolid es una ciudad dormida a la que el tripartito en sus 731 días de desgobierno le ha echado el freno de mano para pararla, ayudando a que la ciudad se ponga en la fatídica cifra de tener menos de 300.000 vecinos.

Los incumplimientos y retrasos del gobierno municipal, reconocidos con elegancia por Valladolid Toma la Palabra, hacen que Valladolid sea más pequeña, con una preocupante falta de iniciativa de apoyo a la industria y a la innovación, con una falta del modelo de la ciudad que se pretende, con problemas en algunos servicios públicos esenciales (preocupantes los de limpieza, seguridad, parques y jardines y transporte, con un conflicto permanente en AUVASA) que poco ayudan a mejorar las condiciones actuales.

Proyectos parados o retrasados como el Plan General de Ordenación Urbana, el de Movilidad sin nuevas líneas de autobús, la Ciudad de la Justicia, el Parque Agroalimentario, el retraso en los túneles de La Pilarica, la reforma de la barriada del 29 de octubre, la ampliación de VALLSUR o el centro comercial SCENA, sin un plan municipal de apoyo a la industria o a la innovación, la pérdida de subvenciones europeas y nacionales por no menos de 32 millones de euros, la no ejecución de inversiones municipales presupuestadas por importe de 52 millones de euros se juntan con el que creemos que es el mayor incumplimiento de este equipo de gobierno: el abandono del soterramiento.

Puente y sus socios de gobierno lo llevaban en sus programas electora­ les, lo incluyeron en sus 103 medidas de gobierno y apoyaron dos mociones nuestras defendiendo el soterramiento. Sin embargo, en un flagrante incumplimiento que les recordó hasta Si Se Puede, han preferido regalarle al Gobierno de España y a la Junta de Castilla y León más de 600 millones de euros que tendrían que invertir para cumplir el acuerdo que firmaron en noviembre de 2002 y que genera­ rían en la ciudad un importante volumen de puestos de trabajo. Y lo peor no eso. Lo peor es que van a cambiar

el convenio que lo garantiza para sustituirlo por otro en que los vecinos de Valladolid se gastarían 75 millones de euros en túneles y pasarelas. Es decir, el dinero del futuro en soluciones del siglo XIX.

Ese es nuestro primer lamento. Pocos resultados en 791 días de gobierno que no parece que vayan a tener solución en los poco más de 585 días que le quedan al tripartito municipal.

El segundo lamento es también notorio. Mientras los representantes de todos los grupos municipales: Partido Popular, Ciudadanos, Jesús Presencio, Si Se Puede e incluso Valladolid Toma la Palabra nos dedicábamos al ejercicio democrático del debate sobre el estado de la ciudad, llegando a formularse incluso propuestas políticas en positivo, los representantes municipales socialistas, capitaneados por Óscar Puente y su vocero oficial Pedro Herrero, se instalaron en el insulto, la difamación, la crítica fácil, hablando más de siglas políticas que de la ciudad de Valladolid, con ataques desmedidos que no entendió ningún vecino de esta ciudad y posiblemente, ni sus compañeros de gobierno municipal.

No es grato escuchar muchas de las cosas que allí dijeron el tándem socialista, pero sinceramente creo que flaco favor se hicieron adoptando esa estrategia que refleja inquietud y huida hacia adelante del primer munícipe. Sabía que su balance era escaso. Y lo adornó de frases ofensivas aupado por los palmeros convocados al acto, que aumentaban su aplauso cuanto más hiriente fuera el discurso de Puente y Herrero. Créanme: yo no he entrado en política para ofender y denigrar a nadie. El oficio político es más noble cuanta mayor nobleza tenga lo que decimos. Y sólo somos dueños de nuestros silencios.

No quiero dejar esta crónica con dos lamentos lorquianos. Dentro de poco más de 585 días, en las elecciones de la primavera del 2019, espero que a Valladolid como al viejo olmo machadiano, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le puedan salir. Esperanza de que, con la confianza de los vecinos, el Partido Popular pueda recomponer lo que hoy está estropeado.