OÍD, OÍD PUEBLO DORMIDO

Por Borja García Carvajal, concejal del grupo municipal Popular del Ayuntamiento de Valladolid

Nos inunda el silencio y la emoción empieza a crecer. Rumor de gaitas, trompetas, tambores y Valladolid sale a la calle para vivir la pasión de Cristo. Las túnicas y las medallas distinguiendo las diferentes cofradías y hermandades que salen con paso lento pero acompasado. Atrás dejamos la cuaresma y ansiosos esperamos la llegada de la Pascua. Nuestra Semana Santa es especial. ¿La mejor? Cada uno defiende la suya. pero nadie duda de la inmensa calidad de nuestras tallas. de la profunda solemnidad de nuestras procesiones y sobre todo de la implicación y devoción de nuestros cofrades.

Salvo cuatro sectarios trasnochados el resto de vallisoletanos nos sentimos orgullosos de nuestra Semana Santa. Sea católico o no, el Vallisoletano se emociona al oír ese golpe tan característico de tambor o al doblar la calle y encontrarse una silenciosa procesión precedida de su correspondiente Cruz de guía. El temor de niños al ver esos sobrios capuchones se transforma en admiración con el paso de los años. Por ello, no puedo por más que lo intento no sentir vergüenza ajena cuando oigo a concejales del ayuntamiento que deberían representar a todos los vallisoletanos decir que ellos no van a participar en las procesiones y los actos de Semana Santa. Los representantes de los ciudadanos deben estar a las duras y a las maduras. No nos olvidemos que las cofradías son, al fin y al cabo, asociaciones con un interés común tan legítimo como cualquier otro. Cuando una asociación invita al ayuntamiento a participar con ellos de sus actividades, aunque no converjas con su ideología, sus creencias o sus postulados, debes acudir. Una vez que eres elegido concejal, no te debes sólo a tus votantes, sino que te debes a todos los vecinos de tu ciudad.

Estoy harto de ver el laicismo que reina en nuestra sociedad. Vivimos, según la Constitución, en un estado aconfesional, que significa que respeta todas las religiones sin tomar partido por ninguna. El estado laico que defienden desde los sectores más radicales de la izquierda implica eliminar la religión de lo público, atacando las creencias más básicas de la gente y suprimiendo de facto la libertad de culto en nuestro país. Un claro ejemplo es la condena de la semana pasada a le portavoz del ayuntamiento de Madrid por invadir, insultando a los creyentes, la capilla de le Universidad Complutense. ¿Por qué les molesta? ¿A quién hace daño esa capilla? ¿Hubiera actuado igual si fuera una Mezquita o una Sinagoga? Me temo que no.

Al final todo esto se trata de libertad. Mientras que unos gobiernan a base de prohibir, de apartar y de excluir, otros consideramos que lo mejor es que el ciudadano sea libre para elegir y que el representante público, ejerza su labor con ecuanimidad. Polémicas aparte, que «el pueblo fiel» viva con devoción estos días y a quien no le guste, que no mire. Lo más importante es que los vallisoletanos y quienes vengan a acompañarnos de fuera sigan disfrutando de la mejor Semana Santa del mundo, la nuestra.